La fábula del tonto.

Se cuenta que en una ciudad del interior, un grupo de personas se divertían con el tonto del pueblo, un pobre infeliz de poca inteligencia, que vivía haciendo pequeños recados y recibiendo limosnas.
Diariamente, algunos hombres llamaban al tonto al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de tamaño grande de 50 centavos y otra de menor tamaño, pero de 1 peso.
Él siempre tomaba la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos.
Un día, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, lo llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y éste le respondió:
“Lo sé señor, no soy tan tonto…, vale la mitad, pero el día que escoja la otra, el jueguito se acaba y no voy a ganar más mi moneda”.
Esta historia podría concluir aquí, como un simple chiste, pero se pueden sacar varias conclusiones:
. Quien parece tonto, no siempre lo es.
. ¿Cuáles son los verdaderos tontos de la historia?
. Una ambición desmedida puede acabar cortando tu fuente de ingresos.
La conclusión más interesante: Podemos estar bien, aun cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros. Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan los demás de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo.

MORALEJA
‘El verdadero hombre inteligente es el que aparenta ser tonto delante de un tonto que aparenta ser inteligente’…

El Amor verdadero

Era una mañana agitada, eran las 8:30, cuando un señor mayor, de unos 80 años, llegó al hospital para que le sacaran los puntos de un pulgar. El señor dijo que estaba apurado y que tenía una cita a las 9:00 am.
Comprobé sus señales vitales y le pedí que tomara asiento, sabiendo que quizás pasaría más de una hora antes de que alguien pudiera atenderlo. Lo vi mirando su reloj y decidí, que ya que no estaba ocupado con otro paciente, podría examinar su herida.

Durante el examen, comprobé que estaba curado, entonces le pedí a uno de los doctores, algunos elementos para quitarle las suturas y curar su herida.
Mientras le realizaba las curas, le pregunté si tenía una cita con otro médico esa mañana, ya que lo veía tan apurado.
El señor me dijo que no, que necesitaba ir al geriátrico para desayunar con su esposa. Le pregunté sobre la salud de ella.
Él me respondió que ella hacía tiempo que estaba allí ya que padecía de Alzheimer.
Le pregunté si ella se enfadaría si llegaba un poco tarde.
Me respondió que hacía tiempo que ella no sabía quién era él, que hacía cinco años que ella no podía ya reconocerlo.
Me sorprendió, y entonces le pregunté, ‘¿Y usted sigue yendo cada mañana, aun cuando ella no sabe quién es usted?’
Él sonrió y me acarició la mano, me contestó: ‘Ella no sabe quién soy, pero yo aún sé quién es ella’.
Se me erizó la piel, y tuve que contener las lágrimas mientras él se iba, y pensé: “Ese es el tipo de Amor que quiero en mi Vida.”

El Amor Verdadero no es físico, ni romántico.
El Amor Verdadero es la aceptación de todo lo que es, ha sido, será y no será la persona amada.

Para descubrir el sentido de la vida

Ante el anciano todo él tembloroso
Atropellado por el peso de los años,
Tengo ganas de maldecir la vida.
Pero muy a menudo estoy sorprendido
Veo nacer en él tanta esperanza…
Entonces quiero cantar a la vida.

Cuando se derrumba el cariño
Tan pronto como está hecha la casa,
Tengo ganas de maldecir la vida
Pero muy a menudo estoy sorprendido,
Veo tantos lazos restablecidos….
Entonces bendigo a la vida.

Cuando veo paralizado
Un cuerpo de apenas quince años,
Tengo ganas de maldecir la vida.
Pero muy a menudo estoy sorprendido
Veo tantos esfuerzos cerca de él…
Entonces quiero servir a la vida.

Cuando oigo llorar al niño
Ya enfermo y sin padres,
Tengo ganas de maldecir la vida.
Pero muy a menudo estoy sorprendido
Veo tanto amor cerca de él…
Entonces quiero dar mi vida.

Marcel Perrier

A la vejez, viruelas

Erradicada en 1979, la viruela (o viruelas) era una enfermedad vírica contagiosa que afectaba principalmente a niños y adolescentes. Por tanto, no es una infección común en personas de avanzada edad.

La expresión “a la vejez, viruelas” es el título de una comedia escrita por el dramaturgo don Manuel Bretón de los Herreros, en 1817. Se trata de una obra en prosa que narra las vicisitudes de dos viejos. Algunos autores creen que el dicho surgió a raíz del estreno de la comedia en 1824.

De hecho, la frase alude a quienes se enamoran tardíamente y a quienes acometen aventuras no usuales para su edad y más propias de la juventud.