Al cap de tres anys de residència d’en Vicenç

El 29 d’abril va fer 3 anys que vam ingressar al Vicenç a la residència, en fa catorze que té Alzheimer. Va ser una situació de molta angoixa haver-me de separar del meu estimat . En el meu cas el Vicenç ja no tenia consciència i jo crec que no ho va sentir. Tant jo com els nostres fills vam viure uns dies de molta tristesa , també perquè costa molt arribar a prendre aquesta decisió , que va ser dolorosa i esgotadora per les diferents circumstàncies.

Ara han passat tres anys, vaig a veure’l gairebé cada dia i a donar-li el dinar o el sopar per poder ser una mica més útil, mimar-lo i mirar-lo per veure algun senyal de reacció, com un somriure, o alguna paraula o un so. Està molt tranquil i sembla relaxat. Menja bé, quan se li acosta la cullera obre la boca i sembla que menja de gust.

Quan marxo el deixo a l’habitació, ben assegut a la seva cadira, estiradet i en una posició còmode i que el vegin des de la recepció. Aleshores me’n vaig sense mirar-lo, m’acomiado dels amics residents que em coneixen i surto de la planta..

Arribo a la porta principal i respiro profundament. Miro el carrer ple de vida, d’arbres i de cel, i penso: ara canvia, intenta no estar trista, viu la nova situació i accepta-la.

Cada dia que passa sento que estic millor i que el meu cap no pensa tant en coses negatives. Procuro distreure’m i sortir a veure coses boniques i recolzar-me amb la meva família i amics que sempre m’ajuden.

Avui vaig a veure el mar de Barcelona amb autobús, la primera vegada aquest any.

Està preciós, l’horitzó amb la seva ratlleta separadora del mar i el cel, els diferents colors blaus i les onades petites trencant sobre la sorra daurada i neta i amb els solcs que han deixat els estris de neteja.

Carta a mi amiga Ana

Ana, ahora ya no sufres, sólo tienes reposo. Me dejaste muy triste, no esperaba que te fueras tan pronto. Te encontré a las cinco de la madrugada ya fría, te gasté una broma diciéndote “que las discotecas ya habían cerrado”, mirándote vi que te habías ido para siempre junto a tus padres que tanto recordabas. Sé que la última visión que tuviste fueron tus hijos y tus nietos, por eso te los puse junto a ti y, de esta forma, no te sentirás tan sola y decepcionada por ellos.

Para mí fue mi amiga , de 47 años de amistad; ella me ayudaba y yo también a ella, nos contábamos todo lo que nos acontecía, ir al médico, hacernos mutua compañía.

Yo, al ver como iba evolucionando a peor, la instalé en mi casa y al cabo de dos meses murió, en mi compañía. No estuvo sola, pero sí con añoranza de no poder ver a sus hijos por última vez.

Se nace, se muere y se revive en el más allá.

La muerte se espera que te venga a buscar.

La muerte es vida, ya que si mueres es que has vivido.

Amor a la vida y amor a la muerte, más aun que no quieras ella te encuentra.

La amistad es un bien preciado, a la cual no le damos suficiente valor, hasta que se muere.

Día de Todos los Santos

Estamos en noviembre, dia de Todos los Santos e difunto. Estoy haciendo un repaso de todos los seres queridos y conocidos, que se han ido al más allá.

La más reciente ha sido mi amiga Ana. Lo he sentido mucho por la forma en que murió, muy triste , añoraba a sus hijos, decepcionada de ellos. Ya estaba enferma del corazón , quizá le precipitó el desengaño que se llevó al pedir a los hijos que le llevasen a una residencia. Cuál fue su sorpresa al enterarse que la llevaban a Badajoz; creo que esto acabó con su ya débil corazón.

Fue una mujer seria, trabajadora, buenos sentimientos, buena madre, ya que hacía de madre y de padre, les dió estudios (delineante y empresariales). Los institutos se dedican a enseñar sí, pero no los valores humanos, sentimientos, amor al prójimo, ésta es una asignatura olvidada, pero se dedican a la orientación sexual, estar prevenidos, … Reconozco que antaño éramos ignorantes…

La juventud no se valora a así misma, no conocen el amora los que les rodean y a sí misma.

Recordando a Juan – Octubre 2011

Hace dos años que murió Juan, en aquellos momentos me parecía estar en otro mundo. Por más vueltas que le daba a la rotonda, me propuse saltar el pozo que hay en medio  y lo salté. Es muy duro: se te amontona todo lo sucedido durante ocho años. Recuerdos buenos y malos, papeleos, cambios de nombre.

En fin, ahora estoy mucho más tranquila. Tengo todo el tiempo del mundo, estoy cuidando de mi salud, no me puedo quejar, pero eso sí, le sigo echando de menos. Ahora sólo recuerdo los momentos buenos. Le rezo cada noche y le digo: “Buenas noches Juan, estés dónde estés, siempre te recordaré”.